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Carrito

La visión es sin duda uno de nuestros sentidos más preciado, el cual nos permite percibir nuestro entorno, descubrir nuevos lugares y personas, leer, aprender y hasta dejarnos llevar por imágenes y espectáculos de luces, sombras, formas y tamaños. Pero es que además la visión es el punto de partida para generar nuevos recuerdos, la capacidad de reconocer lugares y personas, y constituye la base del aprendizaje, la capacidad asociativa y nuestra memoria fotográfica.

 

Este proceso constante, rutinario y hasta involuntario, al que estamos acostumbrados se da en milésimas de segundo, aunque no por ello es un proceso simple. Nuestros ojos son capaces de captar los estímulos luminosos, formando una imagen invertida en nuestra retina. Estos estímulos generan señales eléctricas en las células de nuestra retina, conos y bastones, que tras abandonar el globo ocular son conducidas en forma de potenciales de acción por el nervio óptico, hasta nuestro cerebro, donde en la corteza visual se procesa la información y somos capaces de reconocer o percibir el estímulo visual.

Para que todo este proceso tenga lugar de forma eficiente, es necesario que tanto las células de nuestra retina, como el sistema nervioso (incluyendo el cerebro), operen de manera óptima. En este punto, hemos de considerar que uno de los nutrientes esenciales para el mantenimiento de nuestra retina, así como para el mantenimiento estructural y funcional del sistema nervioso, es el DHA o Ácido DocosaHexaenoico [1 y 2].

Esquema de la formación de una imagen invertida en la retina.

 

¿Cuánto DHA necesitamos tomar al día y por qué?

Pues bien, si nos atenemos a las recomendaciones de la EFSA (Agencia Europea de Seguridad Alimentaria), se recomienda un consumo diario mínimo de 250 mg de DHA para el mantenimiento de la función visual [3]. Ya que el DHA, es abundante tanto en la membrana de los conos y los bastones de la retina, como en las neuronas del sistema nervioso central. Este ácido graso es responsable de conferir gran fluidez a la membrana de estas células , permitiendo así los rápidos procesos de remodelación de membrana necesarios para la recepción y captación de los estímulos luminosos en la retina, así como para canalizar estas señales eléctricas hasta el cerebro para percibir el estímulo [2] y generar memoria y emociones asociadas [4].

 

Pero, ¿Por qué es necesario seguir ingiriendo DHA diariamente si estas células ya están formadas?

El DHA es un ácido graso poliinsaturado que se oxida con facilidad por factores como la luz, estrés oxidativo, ciertos metales o radicales libres. Por esta razón, y para “reponer” el DHA oxidado, es necesario aportar diariamente DHA para preservar la estructura de la membrana de las células retinales y neuronas, y mantener así la función visual [5].

 

Podemos preguntarnos, será esto suficiente para garantizar una correcta función visual, sin embargo, la respuesta es evidente, ya que existen factores que comprometen nuestra visión. En este sentido, existen diferentes patologías y alteraciones que son responsables de una degeneración de la calidad visual progresiva como son la retinosis pigmentaría, el glaucoma, y sobre todo, el síndrome del ojo seco y la degeneración macular asociada a la edad (DMAE) de los que hablaremos en este post.

 

Importancia del EPA en el tratamiento y Reversión de las causas del síndrome del Ojo Seco.

En primer lugar,  el síndrome del ojo seco es una afección muy común en la población que constituye una de las principales causas de deterioro de la calidad visual. Se ha observado que esta afección tiene cada vez mas incidencia en la población motivada por factores como un uso excesivo de pantallas.

 

¿Por qué se produce este síndrome del Ojo Seco? Y sobre todo, ¿Cómo podemos evitarlo y tratarlo?

La causa de esta patología se debe a una inflamación en las glándulas de Meibomio de los párpados, un proceso que conlleva una hiposecreción de la película lipídica lacrimal que lubrifica los párpados, causando daños en la superficie ocular y provocando pérdidas de nitidez en la visión.

Esquema de la localización de las glándulas de Meibomio y composición de la lágrima. Imagen reproducida de Parts of the Eye [6].

 

Es un proceso inflamatorio, por lo cual, las principales estrategias terapéuticas se centran en la buscar la manera de contrarrestar ese proceso. En esta búsqueda, el ácido graso Omega-3 Eicosapentaenoico (EPA), ha demostrado gran efectividad cuando se administra en forma de triacilglicérido, ya que en esta forma es capaz de penetrar en el interior de las glándulas de Meibomio disminuyendo la inflamación en la superficie ocular.

En un estudio clínico aleatorizado con placebo llevado a cabo con 66 pacientes afectados de ojo seco tras someterse a una operación de cataratas, se les administro diariamente 1680 mg de EPA y 506 mg de DHA en forma de triglicérido re-esterificado durante 8 semanas. Al finalizar este periodo, se observó que en los pacientes tratados con Omega-3 disminuyó de forma significativa la inflamación ocular y mejoraba notablemente la calidad visual de estos pacientes en contraposición al grupo placebo donde no se observaron cambios significativos [7].

Otro ensayo clínico aleatorizado con placebo llevado a cabo en 2016 puso se manifiesto que el tratamiento  con Omega-3 durante 6 meses a 130 pacientes de rosácea afectados de síndrome de ojo seco mejoraba los principales síntomas y manifestaciones del síndrome del ojo seco. Concretamente, a estos pacientes se les administró 720 mg de EPA y 480 mg de DHA (grupo omega-3), frente a la cantidad equivalente de placebo en el grupo control, reportándose una mejoría sintomática en los pacientes tratados con omega-3, una mayor estabilidad de la composición de lágrima y un mejor funcionamiento de las glándulas de Meibomio [8].

Podemos concluir por tanto que ingesta diaria regular de entre 1 y 3 g de EPA y DHA (EPA requerido en mayor cantidad), en proporciones 3:1 o 3:2 para EPA y DHA respectivamente, revierte de forma eficaz los síntomas del ojo seco gracias a sus efectos antiinflamatorios, aumentando la producción de lágrima y disminuyendo su evaporación.

 

Degeneración Macular Asociada a la Edad

La degeneración macular asociada a la edad (DMAE), es una patología ocular responsable de la principal causa de degeneración visual en adultos mayores de 50 años. Esta afección ocular se produce por un crecimiento excesivo de los vasos sanguíneos de la mácula, una región mas pigmentada de la retina responsable de la visión periférica y de aumentar la resolución visual.

Sin embargo, el crecimiento rápido de nuevos vasos sanguíneos favorece que éstos sean quebradizos y se rompen con facilidad, siendo el factor desencadenante del daño estructural que se produce en la mácula y en la retina, y que puede conducir a la ceguera irreversible [9].

 

Esquema de las diferentes estructuras del globo ocular. Imagen reproducida de Parts of the Eye [6].

 

¿Cómo podemos prevenir la DMAE?

La mejor prevención en esta patología sería con la generación de nuevos vasos sanguíneos. A tal efecto, se ha descrito que los Omega-3 de cadena larga, DHA y EPA, presentan un efecto anti-angiogénico capaz de inhibir el crecimiento de nuevos vasos sanguíneos, contribuyendo de este modo a prevenir la DMAE [10].

Para analizar los efectos terapéuticos del DHA y EPA en la DMAE, se llevó a cabo un estudio clínico aleatorizado con 263 pacientes mayores de 55 años a los que se les administró diariamente 840 mg de DHA + 270 mg de EPA durante 3 años. Los resultados mostraron que la pauta de Omega-3 administrada  es capaz de inhibir la neovascularaización coroidal en la mácula, contribuyendo así a la prevención de la DMAE [11].

Podemos concluir por tanto que la ingesta diaria mínima de 1g de DHA y EPA combinados son eficaces para prevenir la causa de la degeneración macular.

 

Referencias Bibliográficas:

  1. Senapati, S. et al. (2018): Biochim Biophys Acta Biomembr, 1860:1403-1413.
  2. Hishikawa, D. et al. (2017): FEBS Letters, 591, 2730–2744
  3. EFSA (2011): EFSA Journal, 9 (4):2078
  4. Stonehouse, W. Et al. (2013): The American Journal of Clinical Nutrition, 97 (5): 1134–1143
  5. 5. Shindou, H. et al. (2017): J Biol Chem, 292:12054-12064.
  6. Parts of the Eye: [https://www.aao.org/salud-ocular/anatomia/partes-del-ojo]
  7. Park, J. et al. (2020): Br J Ophthalmol, 0:1–6
  8. 8. Bhargava, R. et al. (2016): Current Eye Research, 41:10, 1274-1280
  9. Pennington, KL. et al. (2016): Eye Vis (Lond), 3:34
  10. Souied, EH. et al. (2015): Ophthalmic Res, 55:62-69
  11. Souied, EH. et al. (2013): Ophthalmology, 120 (8), 1619-1631

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