Nuestra capacidad para llevar a cabo la práctica mayoría de las tareas cotidianas mecánicas, así como los desplazamientos y actividad física requiere del correcto estado de nuestro aparato locomotor. Una pieza clave de esta maquinaria son las articulaciones. Se trata de estructuras anatómicas formadas por la unión entre dos huesos, recubiertos de cartílago, conectadas por tendones y ligamentos, y cuya fricción está amortiguada por una cápsula de liquido sinovial entre ambos huesos que lubrica y minimiza el rozamiento derivado del juego entre ambos [1, 2]. 

Unión Neuromuscular: Eslabón clave en el movimiento.

La ejecución de todo tipo de movimiento requiere de ciclos de contracción y relajación coordinada de grupos de músculos inervados por los axones de las neuronas motoras eferentes de la médula espinal. La neurotransmisión se establece en la conexión formada entre por el terminal axónico y las fibras musculares con las que éste contacta, dando lugar a una estructura conocida como “unión neuromuscular” o “placa motora” [1, 3]. En esta conexión o “sinapsis” se produce la liberación del neurotransmisor “acetilcolina” almacenado en el interior de las vesículas del terminal axónico ante la llegada de un impulso nervioso o “potencial de acción”. Este potencial produce una despolarización del terminal axónico que conduce a la apertura de canales de calcio sensibles a voltaje, promoviendo una entrada masiva de calcio en el terminal e induciendo la liberación de las vesículas cargadas con acetilcolina. Este mensajero químico se une a receptores específicos de la superficie de la célula muscular, promoviendo igualmente una despolarización y una entrada de calcio en la fibra muscular que conduce finalmente a la contracción muscular [3].

Para que toda este secuencia de acontecimientos se desarrolle correctamente, y de manera cuasi-instantánea, se requiere de una perfecta sincronización en la neurotransmisión eferente de la medula espinal y la recepción del estímulo despolarizante en la fibra muscular. En este contexto juega un papel determinante el recubrimiento de mielina de los axones de las neuronas. Se trata de un revestimiento de naturaleza lipídica formado por la membrana de los oligodendrocitos (un tipo de célula de glía) conocido como “vaina de mielina” cuya función es aislar el axón de las neuronas haciendo que la propagación del impulso nervioso (potencial de acción) tenga lugar de manera muy rápida y eficiente [3]. 

Patologías Neuromusculares: Esclerosis Múltiple.

En este contexto parece evidente que la pérdida del recubrimiento de mielina del axón neuronal se traduce en una disfunción de la neurotransmisión que tiene en última instancia como resultado la parálisis muscular, y progresivamente la atrofia muscular. 

La patología más representativa de esta situación es la Esclerosis Múltiple (EM), una enfermedad autoinmune y neurodegenerativa de las neuronas del sistema nervioso central (cerebro y médula espinal), caracterizada por la degeneración de los oligodendrocitos que forman las vainas de mielina que revisten el axón de las neuronas motoras [4, 5]. Este proceso, conocido como “desmielinización” tiene como consecuencia la interrupción de la transmisión del impulso nervioso. Esto ocasiona la degeneración neuronal y la parálisis muscular progresiva característica de estos pacientes que conlleva visión borrosa, fatiga o cansancio, falta de control sobre los esfínteres, dolor al doblar el cuello, debilidad y adormecimiento en las extremidades en las primeras etapas [5].

Los desencadenantes de esta enfermedad no se conocen con exactitud, si bien es cierto que se han esclarecido determinados factores de riesgo (tabaquismo, obesidad, déficit de vitamina D) y factores genéticos que se asocian en mayor o en menor medida con la predisposición a padecer EM. 

Sin embargo, el carácter autoinmune de esta enfermedad ha llevado a postular que su origen pudiera tener lugar en algún tipo de infección viral cuya respuesta inmunológica humoral llevaría a sintetizar anticuerpos capaces de reconocer estructuras o antígenos propios (“por error”), como lo es una proteína de la mielina [6]. 

Este “error inmunológico” promueve el ataque y la destrucción de los oligodendrocitos mediado por los “autoanticuerpos” que se unen a una proteína de la mielina marcando así dicha estructura para el ataque de las células del sistema inmunológico y las células de la microglia reactivas [6]. En esta respuesta se generan además gran cantidad de citoquinas y moléculas proinflamatorias que reclutan un mayor número de células del sistema inmunitario, dando lugar a un contexto marcado por una inflamación crónica que socava la gravedad de la enfermedad [4, 7]. 

Salud de las Articulaciones: Engranajes vitales para el movimiento.

La integridad y el correcto funcionamiento de las articulaciones es fundamental a fin de soportar el peso del organismo y de garantizar que todas las actividades físicas puedan llevarse a cabo de forma ágil, evitando el rozamiento y deformación de las articulaciones y sin experimentar dolor. En este contexto, el líquido sinovial desempeña un papel decisivo funcionando a modo de “lubricante” que amortigua y minimiza el rozamiento del cartílago, dotando de flexibilidad a toda la estructura y evitando así su deterioro y los problemas derivados de la inflamación de la articulación [8]. 

La Inflamación: El Talón de Aquiles de la Salud Articular

Una patología que afecta directamente a la integridad y función de las articulaciones es la Artritis Reumatoide (AR). Al igual que la esclerosis múltiple, se trata de una enfermedad autoinmune que cursa con inflamación crónica de las articulaciones, y cuyo desencadenante inicial no se conoce pese a haberse esclarecido diferentes factores genéticos y ambientales que predisponen en diferente medida a padecer la enfermedad [4, 9, 10].

En esta patología, se generan diferentes tipos de autoanticuerpos que provocan la infiltración de células del sistema inmune en las articulaciones (neutrófilos, linfocitos B y T colaboradores, macrófagos) y desencadenan un proceso de inflamación en el líquido sinovial de las éstas [6]. Este estado de inflamación crónico ocasiona la pérdida del cartílago, la destrucción del hueso y en su conjunto una drástica deformación de las articulaciones [2, 9, 11].

En este escenario, los ácidos grasos Omega-3 han demostrado un importante papel terapéutico al atenuar la inflamación de las articulaciones y promover la regeneración tisular del hueso y el cartílago. Diferentes estudios han demostrado la eficacia del DHA en su tratamiento [12], del EPA [13] o la acción conjunta de ambos [14-16].

Papel preventivo y terapéutico de los ácidos grasos Omega-3 y la vitamina D en Esclerosis Múltiple y Artritis Reumatoide

Un denominador común de gran importancia en el progreso de las enfermedades autoinmunes es la inflamación crónica [17]. La sobreproducción de moléculas con efecto proinflamatorio retroalimenta un ciclo de activación permanente del sistema inmunitario que ocasiona daños celulares y tisulares [4].

En esta situación, el restablecimiento de la homeostasis de la respuesta inflamatoria es crucial con el objetivo de minimizar los daños generados por el sistema inmunológico y ralentizar y mejorar el curso temporal de enfermedades autoinmunes como son la esclerosis múltiple [7, 18] y la artritis reumatoide [2, 9].

Los ácidos grasos Omega-3, especialmente el ácido docosahexanoico (DHA), docosapentaenoico (DPA) y eicosapentaenoico (EPA) presentan un importante papel antiinflamatorio resultando beneficiosos en la progresión de EM [19, 20] y AR [11, 12, 14, 16, 21]. 

El efecto antiinflamatorio beneficioso de DHA y EPA en pacientes con esclerosis múltiple se ve potenciado por la vitamina D3 (colecalciferol) [22], un oligonutriente liposoluble, con una función inmunomoduladora en el sistema inmunológico capaz de reforzar las defensas y ejercer igualmente una acción resolutiva de la inflamación [23].

Los efectos antiinflamatorios de los omega-3 son llevados a cabo actuando a diferentes niveles. En primer lugar, los omega-3 son precursores de una serie de moléculas conocidas como SPM (por su acrónimo del inglés, “Speciallized Pro-resolving Mediators”), [24, 25] que comprenden una serie de mediadores locales denominados Maresinas, Protectinas y Resolvinas, con un papel activo en la resolución de la inflamación, el restablecimiento de la función inmunológica y la regeneración celular y tisular [26]. 

Por otra parte, los ácidos grasos Omega-3 son ligandos fisiológicos de receptores tanto de la membrana plasmática, como de receptores nucleares, capaces de regular la expresión de determinados genes [17]. A través de estos mecanismos, los omega-3 son capaces de estimular procesos como la mieloidogénesis (síntesis y regeneración de la mielina), de vital importancia en el tratamiento de la esclerosis múltiple [18] e inhibir factores de transcripción responsables de la síntesis de moléculas pro-inflamatorias en enfermedades autoinmunes [17, 20].

En esta línea, estos efectos se han demostrado eficaces en el tratamiento de pacientes con esclerosis múltiple [19, 22] o en artritis reumatoide [11-13, 15, 16, 21], permitiendo revertir en cierta medida algunos de sus síntomas y contribuyendo a mejorar la movilidad de estos pacientes.

Conclusiones

La salud de nuestro aparato locomotor depende del buen funcionamiento tanto de nuestros músculos como de los huesos y articulaciones. 

La alteración patológica de cualquiera de estos dos componentes causa un deterioro en la movilidad, que en algunos casos puede agravarse y hacerse crónico como sucede en las enfermedades autoinmunes esclerosis múltiple o en la artritis reumatoide.

Dado que estas enfermedades cursan con un fuerte componente inflamatorio, el restablecimiento de la homeostasis del sistema inmunológico constituye una estrategia terapéutica para estas patologías.

En este contexto la suplementación dietética con los ácidos grasos omega-3 DHA, EPA y DPA, caracterizados por poseer un potente efecto antiinflamatorio, se han demostrado eficaces en el tratamiento y la prevención de la esclerosis múltiple y la artritis reumatoide, logrando restablecer la homeostasis de sistema inmunológico y promoviendo la regeneración celular y tisular.

 

Bibliografía

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2. Revista Española de Artroscopia y Cirugía Articular [https://www.aeartroscopia.com/revista-espanola-de-artroscopia-y-cirugia-articular]

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10. Artritis reumatoide: qué es, síntomas, diagnóstico y tratamiento [https://inforeuma.com/enfermedades-reumaticas/artritis-reumatoide/]

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