Skip to main content

Los ácidos grasos Omega-3 de origen marino, Eicosapentaenoico (EPA) y Docosahexaenoico (DHA), reportan numerosos beneficios a nuestra salud actuando a diferentes niveles:
son cruciales para el correcto funcionamiento y desarrollo del cerebro, mejoran la función visual, promueven una mejor salud cardiovascular, mantienen la homeostasis del sistema inmunológico, desempeñan un importante papel antiinflamatorio y reducen los niveles de triacilglicéridos y colesterol en plasma entre otros muchos efectos [1, 2]. 

Estas funciones fisiológicas de vital importancia se ven además reforzadas por otros dos nutrientes clave capaces de aunar sus efectos con los Omega-3, haciendo que su combinación sinérgica potencie su efecto combinado. Hablamos de las vitaminas D3 y E, y en este post te desvelamos las razones.

Papel antioxidante de la vitamina E sobre los ácidos grasos omega-3:
La vitamina E es clásicamente conocida por sus efectos antioxidantes en las membranas celulares, donde su inclusión en la bicapa lipídica protege a los lípidos del daño producido por el estrés oxidativo.

La vitamina E se enmarca dentro de los antioxidantes primarios: compuestos fenólicos que estabilizan los radicales libres mediante deslocalización a lo largo del anillo aromático de cromanol [3-5]. Concretamente, el anillo de cromanol es la estructura responsable de dicho efecto. A su vez, la cadena hidrocarbonada hidrofóbica le permite a esta molécula insertarse en el interior de las bicapas lipídicas (de forma similar a como lo hace el colesterol) y ejercer en dicho entorno su papel antioxidante [6].

 

Estructura de la Vitamina E: α-tocoferol.

Estructura de la Vitamina E: α-tocoferol.

Los tocoferoles (integrantes de la familia de la vitamina E) son de crucial importancia para prevenir la oxidación y peroxidación del DHA y los ácidos grasos poliinsaturados debido a diversos factores:

  • Se intercala en los «dominios de membrana fluidos donde abundan los fosfolípidos con ácidos grasos poliinsaturados, empaquetándose en los bolsillos hidrofóbicos de los ácidos grasos que generan los dobles enlaces cis minimizando el acceso del O2 y previniéndolos así del estrés oxidativo. De hecho, estos dominios excluyen al colesterol debido a que «acomodan» mejor el anillo de cromanol del α-tocoferol que el colesterol, contribuyendo así a preservar su fluidez [6, 7].

  

  • El α-tocoferol evita la peroxidación lipídica al neutralizar los radicales libres generados estabilizándolos a lo largo del anillo de cromanol. De esta forma, se detiene el proceso de propagación de la peroxidación lipídica, minimizándose el estrés oxidativo de los ácidos grasos poliinsaturados, que son los más susceptibles a la oxidación debido a la presencia de múltiples dobles enlaces [8, 9].

La vitamina E por lo tanto previene la oxidación de los ácidos DHA y EPA y exhibe un papel sinérgico con la función de los DHA y EPA potenciando sus efectos y evitando el recambio frecuente de estos ácidos grasos en los fosfolípidos constituyentes al evitar su deterioro por estrés oxidativo [9, 10].

¿Son todas las formas de la vitamina E igual de eficaces para combatir el estrés oxidativo?

Evidentemente no todas las formas de la vitamina E son igualmente eficaces a la hora de combatir la oxidación de los ácidos grasos, en su estructura química está la razón.

Existen 8 formas distintas de la vitamina E agrupadas en 2 familias: los tocoferoles y tocotrienoles. Estas variantes difieren ligeramente en su estructura química, lo que determinan su absorción, su metabolismo e incluso su capacidad para insertarse en las membranas lipídicas, lo que en su conjunto se traduce en notables diferencias en la capacidad para llevar a cabo su acción [3, 11]. De todas ellas, la forma más activa de la vitamina E es el α-tocoferol debido a que su mayor hidrofobicidad permite a la molécula un mejor acomodamiento en la bicapa lipídica [7, 11].

Porqué la vitamina E es beneficiosa en las membranas celulares:

El carácter antioxidante de α-tocoferol permite que actúe en membranas muy fluidas que requieren de su integridad para cumplir con sus propiedades dinámicas a las cuáles están destinadas [6, 9, 12]. Un ejemplo representativo lo encontramos en el cerebro, donde los dominios de membrana de tipo «lipid Raft» son esenciales para el tráfico vesicular y numerosas vías de señalización celular que hacen posible la neurotransmisión[13-15].  Por esta razón, la vitamina E es un aliado inseparable de los ácidos grasos poliinsaturados DHA y EPA.

Biodisponibilidad y Absorción de la Vitamina E.

De todas las variantes de la vitamina E aludidas anteriormente, la molécula que presenta la configuración RRR-α-tocoferol es la que tiene una mayor biodisponibilidad. Todas las formas de vitamina E son absorbidas por los enterocitos intestinales y transportadas al hígado en lipoproteínas de muy baja densidad llamadas «quilomicrones». Sin embargo, la proteína específica de transferencia de tocoferol en el plasma es selectiva para la configuración RRR-α-tocoferol, por lo que sólo esta forma es transportada al resto de los tejidos para su inserción en las membranas [3, 16]. El resto de formas de la vitamina E se metabolizan más rápidamente en el intestino y son eliminadas, razón por la cual su efecto antioxidante es menos potente y mucho menos duradero [3, 16].

Beneficios de la Vitamina D: Mucho más de lo que te imaginas

Algunas de las funciones de la vitamina se conocen ya desde comienzos del siglo XX, cuando se observó que la enfermedad del raquitismo y la osteomalacia que afectaba a la población infantil y adulta respectivamente mejoraban sustancialmente con la exposición solar de los pacientes y el consumo de aceite de pescado. En este mismo sentido, se reportaba que la exposición al sol de los pacientes con tuberculosis mejoraba notablemente su estado de salud [17, 18].

La vitamina D actúa como una prohormona en el organismo esencial para la absorción de calcio a nivel intestinal [17, 19, 20]. Su carencia es responsable de enfermedades tales como el raquitismo en la infancia, la osteoporosis y osteomalacia en adultos, producidas por una baja absorción de calcio, lo que ocasiona la falta de mineralización ósea en niños y la desmineralización en el estado adulto. Sin embargo, los denominados efectos «no clásicos» o «extraesqueléticos» han evidenciado que la vitamina D también cumple importantes funciones a nivel cardiovascular [21], cerebral [17, 22, 23], inmunológico [20, 24-26] e incluso regulando el metabolismo glucídico y ayudando a prevenir la diabetes [17, 19]. En este sentido, la carencia de vitamina D se ha relacionado con otras enfermedades como la tuberculosis, el beriberi [17, 19] o recientemente el Covid-19 [27]

Síntesis de la Vitamina D, formas y fuentes animales y vegetales

La vitamina D es una hormona liposoluble, de naturaleza esteroídica que es sintetizada por nuestro organismo a partir del 7-dehidrocolesterol, un precursor de la síntesis del colesterol. Está reacción de conversión está catalizada por la luz ultravioleta B (UVB) de la luz solar, generando la Previtamina D3, que tras una isomerización genera la vitamina D3 (Vit D3) o colecalciferol [19-21]. Esta reacción tiene lugar en los estratos basal y espinoso de la epidermis, y el colecalciferol es liberado a los vasos sanguíneos, uniéndose a la proteína de fijación de la vitamina D, PFVD, responsable de su transporte por el torrente circulatorio.  La Vit D3 sin embargo no es aún la forma activa, sino que ésta tiene que ser metabolizada en el hígado por enzimas microsomales de la familia del citocromo P450, CYP27A1, generando la forma 25-(OH)D (25-hidroxivitamina D) o calcidiol. Aunque esta forma presenta mayor actividad biológica que la Vit D3 (entre 2 y 5 veces), no es la forma biológicamente activa. El calcidiol es transportado en plasma unido a PFVD hasta el riñón, lugar donde tiene lugar una hidroxilación adicional en la posición 1 generando la forma 1,25 (OH)-D o calcitriol [17, 19, 21]. La hidroxilación, y activación de 25-(OH)-D también puede tener lugar en la superficie de los macrófagos y linfocitos T, lo que sugiere un papel paracrino y autocrino de esta vitamina en la modulación de la respuesta inmunitaria [17, 19, 20, 25, 28].

Pese a que se trata de una vitamina de síntesis endógena, los niveles plasmáticos de calcidiol (principal forma medible en plasma) en la población son más bajos de lo recomendable (30 ng/ml), revelando una clara deficiencia en vitamina D. Entre las causas más frecuentes se encuentran una deficiente exposición a la luz solar, uso de filtros solares, horarios de trabajo coincidentes con de luz, pigmentación de piel etc. Por esta razón, se recomienda la suplementación diaria con vitamina D3 con entre 15-20 microgramos diarios (600-800 UI) con el objetivo de alcanzar los niveles óptimos [29, 30]

Vitamina D3 y D2, ¿Qué diferencias hay entre ellas?
Un aspecto frecuente cuando se habla de la vitamina D es no concretar la forma específica, pero no, no son ambas igual de eficaces. Entre los suplementos alimenticios, podemos encontrar que muchos de ellos son ricos en vitamina D o están enriquecidos o fortificados en vitamina D, si bien hay que mencionar que entre la vitamina D2 y D3 sí hay diferencias que afectan a su biodisponibilidad y su potencial efecto biológico. La vitamina D2 o «ergocalciferol», es un componente habitual de los productos vegetales. Sin embargo, su biodisponibilidad se ha demostrado que es considerablemente inferior a la vitamina D3 o «colecalciferol» que es directamente sintetizada por nuestra piel [17, 31]. Esto se debe a que la vitamina D3 es transformada con mayor eficiencia en calcidiol (principal forma de la Vitamina D que circula en plasma) que la vitamina D2, por lo que su biodisponibilidad es mayor [32].

Vitamina D3 y E: Aliados de los Omega-3 y un refuerzo para tu Sistema Inmunitario
Los efectos de la vitamina D3 van mucho más allá de los considerados «musculo-esqueléticos», y es que este oligonutriente actúa además como una hormona capaz de «modular» y «reajustar» muchas de las funciones de nuestro Sistema Inmunitario [33]. En este sentido, la forma activada de la vitamina D, calcitriol, ejerce un control sobre la expresión génica en las células del sistema inmunitario disminuyendo la expresión de «paquetes de genes proinflamatorios» controlados por el factor de transcripción NF-κB como son las interleuquinas (IL)-6, IL-8, IL-12 y Ciclooxigenasa-2 (COX-2) [34, 35]. Además, la vitamina D regula la respuesta y diferenciación de los linfocitos T colaboradores (Th), suprimiendo su diferenciación hacia la población Th17, fuertemente asociada a la respuesta inflamatoria, y favoreciendo su diferenciación hacia la población de linfocitos T reguladores, un subtipo celular implicado en la supresión de la inflamación y la erradicación de linfocitos T autorreactivos desencadenantes de enfermedades autoinmunes como la esclerosis múltiple o la artritis reumatoide [20, 34, 35].

Por estos motivos, la vitamina D3 se perfila como un candidato de gran valor para aumentar la eficiencia de nuestro Sistema Inmunitario y prevenir algunas de las actuaciones perjudiciales de éste como la inflamación crónica, alergias [20, 36], e incluso como posible tratamiento para enfermedades bacterianas y víricas como la Covid-19 [35]. 

También en este escenario la vitamina E parece jugar un importante papel, más allá de sus conocidas acciones como antioxidante natural de las membranas celulares. El α-tocoferol (forma más activa de la vitamina E en nuestro organismo) es capaz de modular la actividad de numerosas enzimas implicadas en importantes procesos de señalización en el sistema inmunitario y en procesos inflamatorios [34]. En este sentido, la vitamina E ejerce un control sobre la activación de las principales enzimas responsables de la inflamación: COX-2, fosfolipasa A2 (PLA2) y las 5-, 12- y 15-lipooxigenasas, implicadas en la síntesis de los eicosanoides, mediadores lipídicos derivados de ácidos grasos Omega-3 y Omega-6 con un papel central en la coordinación de la inflamación [37]. De hecho, sus metabolitos se han demostrado eficaces a la hora de disminuir la inflamación en humanos [38], abriendo una estrategia terapéutica adicional junto con la vitamina D3 y los Omega-3 EPA y DHA para el tratamiento de las enfermedades que cursan con un fuerte componente inflamatorio.

En este contexto, y marcado por la actual situación sanitaria a nivel mundial, se plantea que el uso combinado de Omega-3 con las vitaminas liposolubles E y D3 desempeñan un importante papel profiláctico [27] e incluso terapéutico en el curso temporal de la enfermedad [34]. En este sentido, se ha esclarecido que los pacientes de Covid-19 que padecen un peor pronóstico de la enfermedad desarrollan un proceso conocido como «tormenta de citoquinas». Se trata de un episodio de inflamación de gran intensidad en los alveolos pulmonares que compromete la capacidad respiratoria de forma severa. Pues bien, este fenómeno, promovido por la expresión de genes proinflamatorios de los macrófagos alveolares, conlleva una retroalimentación de la secreción de moléculas proinflamatorias que agravan el curso temporal de la infección. Entre estas moléculas, se encuentran los eicosanoides proinflamatorios derivados de los ácidos grasos Omega-6.

A nivel cerebral, la vitamina D también desempeña una importante laboral, ya que junto con los Omega-3 DHA y EPA mejora la plasticidad sináptica, consolidando procesos como el aprendizaje o la memoria [39], además de prevenir y combatir diferentes enfermedades neurodegenerativas como el Alzheimer [40] y/o trastornos psiquiátricos como la esquizofrenia, trastorno de atención e hiperactividad, agresividad etc [22, 41].

Además, la vitamina D tiene otros muchos beneficitos para nuestra salud, como sucede a nivel cardiovascular, donde ha demostrado ser un aliado eficaz para combatir enfermedades cardiovasculares como es el caso de la aterosclerosis [19, 21], o en suplementación combinada con los Omega-3 en el tratamiento del ovario policístico en mujeres [42].

¿Qué beneficios tienen los Omega-3 y las vitaminas E y D3 en esta situación?

Tanto el EPA, como el DHA y las vitaminas E y D3 confluyen en un marco de actuación conjunto: «efecto antiinflamatorio».

Por una parte, los Omega-3 tienen importantes funciones en la síntesis de eicosanoides antiinflamatorios, capaces de mitigar el efecto de los eicosanoides proinflamatorios derivados del Omega-6 [2, 26, 43]. Además, DHA y EPA son precursores de moléculas mediadoras en la resolución de la inflamación conocidas como «SPM» [44-46]. De hecho, se ha planteado la administración de EPA como efecto terapéutico en pacientes infectados de SARS-CoV2 [47].

Por otro lado, y tal y como se ha expuesto previamente, las vitaminas E y D3 tienen importantes funciones en la supresión de la respuesta inflamatoria [33-35], solapantes en gran medida con la que exhiben EPA y DHA [44-46]  y la vitamina E además potencia el efecto de los Omega-3 [6, 9], haciendo de la combinación de estos 3 elementos un coctel prometedor en la batalla frente al Covid-19.

A la luz de estos hechos, se comprueba que varias de las funciones de las vitaminas E y D3 sobre las células del sistema inmunitario son solapantes con las del DHA (ácido docosahexanoico) y EPA (ácido Eicosapentaenoico) [26], los Omega-3 de cadena larga con numerosos beneficios para nuestra salud. Por esta razón, los productos que combinan Omega-3 de elevada concentración y biodisponibilidad con las vitaminas D3 y E aumentan su eficacia potenciando sus efectos de forma mutua. Por otra parte, y dado el carácter liposoluble de ambos nutrientes, la combinación de vitamina D3 y Omega-3 facilita la absorción conjunta a nivel intestinal, logrando así una mayor biodisponibilidad tanto de la vitamina D3 como de los ácidos grasos Omega-3.

Las Vitaminas E y D3 también potencian el papel de los Omega-3 en la Salud Cerebral
Sin embargo, los efectos de la vitamina D todavía no acaban aquí, y es que el colecalciferol junto con el DHA y el EPA han demostrado ser eficaces en la liberación y correcta neurotransmisión por serotonina y dopamina. En este sentido, unos niveles óptimos de estos nutrientes mejoran el bienestar emocional y previenen e incluso sirven de tratamiento eficaz para múltiples trastornos psiquiátricos que cursan con alteración en la neurotransmisión por dopamina y serotonina tales como depresión [48, 49], conductas impulsivas y agresividad, trastorno bipolar, esquizofrenia o trastorno de atención e hiperactividad [41, 50].

Por otra parte, la principal causa de deterioro de los Omega-3 en el cerebro es su particular tendencia a oxidarse por las especies reactivas del oxígeno, comúnmente conocido como «estrés oxidativo». Esto se debe a que cuanto mayor es el número de dobles enlaces de un ácido graso, más tendencia tiene a la oxidación lipídica, por lo que podría considerarse al estrés oxidativo como «el talón de Aquiles de los Omega-3». Sin embargo, las fórmulas que combinan los Omega-3 con vitamina E garantizan de este modo una mayor vida útil de estos ácidos grasos [6, 9], potenciando su efecto y evitando problemas estructurales y funcionales a las neuronas del sistema nervioso. 

Por otra parte, y dado que tanto los Omega-3 en formato triglicérido re-esterificado, como la vitamina D3 y la vitamina E son moléculas liposolubles, su administración conjunta garantiza una buena solubilidad, facilitando así su absorción y una óptima biodisponibilidad.

Bibliografía:

1. Swanson D, Block R, Mousa SA: Omega-3 fatty acids EPA and DHA: health benefits throughout life. Adv Nutr 2012, 3:1-7.

2. Sanhueza Catalan J, Duran Aguero S, Torres Garcia J: [the Fatty Acids and Relationship with Health]. Nutr Hosp 2015, 32:1362-1375.

3. Miyazawa T, Burdeos GC, Itaya M, Nakagawa K, Miyazawa T: Vitamin E: Regulatory Redox Interactions. IUBMB Life 2019, 71:430-441.

4. Peter S, Friedel A, Roos FF, Wyss A, Eggersdorfer M, Hoffmann K, Weber P: A Systematic Review of Global Alpha-Tocopherol Status as Assessed by Nutritional Intake Levels and Blood Serum Concentrations. Int J Vitam Nutr Res 2015, 85:261-281.

5. Szarka A, Tomasskovics B, Bánhegyi G: The Ascorbate-glutathione-α-tocopherol Triad in Abiotic Stress Response. International Journal of Molecular Sciences 2012, 13:4458-4483.

6. Atkinson J, Harroun T, Wassall SR, Stillwell W, Katsaras J: The location and behavior of alpha-tocopherol in membranes. Mol Nutr Food Res 2010, 54:641-651.

7. Stillwell W, Dallman T, Dumaual AC, Crump FT, Jenski LJ: Cholesterol versus alpha-tocopherol: effects on properties of bilayers made from heteroacid phosphatidylcholines. Biochemistry 1996, 35:13353-13362.

8. Mokrosnop VM: Functions of tocopherols in the cells of plants and other photosynthetic organisms. Ukr Biochem J 2014, 86:26-36.

9. Raederstorff D, Wyss A, Calder PC, Weber P, Eggersdorfer M: Vitamin E function and requirements in relation to PUFA. Br J Nutr 2015, 114:1113-1122.

10. Zhao Y, Monahan FJ, McNulty BA, Li K, Bloomfield FJ, Duff DJ, Brennan L, Nugent AP, Gibney ER: Plasma n-3 polyunsaturated fatty status and its relationship with vitamin E intake and plasma level. Eur J Nutr 2017, 56:1281-1291.

11. Munné-Bosch S, Alegre L: The Function of Tocopherols and Tocotrienols in Plants. Critical Reviews in Plant Sciences 2002, 21:31-57.

12. Surette ME: The science behind dietary omega-3 fatty acids. CMAJ 2008, 178:177-180.

13. Lauritzen L, Brambilla P, Mazzocchi A, Harsløf LB, Ciappolino V, Agostoni C: DHA Effects in Brain Development and Function. Nutrients 2016, 8.

14. Ryan AS, Astwood JD, Gautier S, Kuratko CN, Nelson EB, Salem N, Jr.: Effects of long-chain polyunsaturated fatty acid supplementation on neurodevelopment in childhood: a review of human studies. Prostaglandins Leukot Essent Fatty Acids 2010, 82:305-314.

15. Sun GY, Simonyi A, Fritsche KL, Chuang DY, Hannink M, Gu Z, Greenlief CM, Yao JK, Lee JC, Beversdorf DQ: Docosahexaenoic acid (DHA): An essential nutrient and a nutraceutical for brain health and diseases. Prostaglandins Leukot Essent Fatty Acids 2018, 136:3-13.

16. Novotny JA, Fadel JG, Holstege DM, Furr HC, Clifford AJ: This kinetic, bioavailability, and metabolism study of RRR-alpha-tocopherol in healthy adults suggests lower intake requirements than previous estimates. J Nutr 2012, 142:2105-2111.

17. Misra M, Pacaud D, Petryk A, Ferrez Collett-Solberg P, Kappy M: Deficiencia de vitamina D en los niños y su tratamiento: revisión del conocimiento y las recomendaciones actuales. Pediatrics 2008, 66:86-106.

18. Torres del Pliego E, Nogués Solán X: ¿Cómo utilizar la vitamina D y qué dosis de suplementación sería la más idónea para tener el mejor balance eficacia/seguridad? Revista de Osteoporosis y Metabolismo Mineral 2014, 6:1-4.

19. Al Mheid I, Patel RS, Tangpricha V, Quyyumi AA: Vitamin D and cardiovascular disease: is the evidence solid? Eur Heart J 2013, 34:3691-3698.

20. Sassi F, Tamone C, D’Amelio P: Vitamin D: Nutrient, Hormone, and Immunomodulator. Nutrients 2018, 10.

21. Bennett AL, Lavie CJ: Vitamin D Metabolism and the Implications for Atherosclerosis. Adv Exp Med Biol 2017, 996:185-192.

22. McGrath J, Saari K, Hakko H, Jokelainen J, Jones P, Jarvelin MR, Chant D, Isohanni M: Vitamin D supplementation during the first year of life and risk of schizophrenia: a Finnish birth cohort study. Schizophr Res 2004, 67:237-245.

23. Bivona G, Agnello L, Bellia C, Iacolino G, Scazzone C, Lo Sasso B, Ciaccio M: Non-Skeletal Activities of Vitamin D: From Physiology to Brain Pathology. Medicina (Kaunas) 2019, 55.

24. Xie Z, Chen J, Zheng C, Wu J, Cheng Y, Zhu S, Lin C, Cao Q, Zhu J, Jin T: 1,25-dihydroxyvitamin D3 -induced dendritic cells suppress experimental autoimmune encephalomyelitis by increasing proportions of the regulatory lymphocytes and reducing T helper type 1 and type 17 cells. Immunology 2017, 152:414-424.

25. Carvalho JTG, Schneider M, Cuppari L, Grabulosa CC, D TA, BM QR, M CB, Cendoroglo M, Maria Moyses R, Dalboni MA: Cholecalciferol decreases inflammation and improves vitamin D regulatory enzymes in lymphocytes in the uremic environment: A randomized controlled pilot trial. PLoS One 2017, 12:e0179540.

26. Gutierrez S, Svahn SL, Johansson ME: Effects of Omega-3 Fatty Acids on Immune Cells. Int J Mol Sci 2019, 20.

27. Kaufman HW, Niles JK, Kroll MH, Bi C, Holick MF: SARS-CoV-2 positivity rates associated with circulating 25-hydroxyvitamin D levels. PLoS One 2020, 15:e0239252.

28. Zdrenghea MT, Makrinioti H, Bagacean C, Bush A, Johnston SL, Stanciu LA: Vitamin D modulation of innate immune responses to respiratory viral infections. Rev Med Virol 2017, 27.

29. Martineau AR, Jolliffe DA, Hooper RL, Greenberg L, Aloia JF, Bergman P, Dubnov-Raz G, Esposito S, Ganmaa D, Ginde AA, et al: Vitamin D supplementation to prevent acute respiratory tract infections: systematic review and meta-analysis of individual participant data. BMJ 2017, 356:i6583.

30. Bischoff-Ferrari HA, Vellas B, Rizzoli R, Kressig RW, da Silva JAP, Blauth M, Felson DT, McCloskey EV, Watzl B, Hofbauer LC, et al: Effect of Vitamin D Supplementation, Omega-3 Fatty Acid Supplementation, or a Strength-Training Exercise Program on Clinical Outcomes in Older Adults: The DO-HEALTH Randomized Clinical Trial. JAMA 2020, 324:1855-1868.

31. Armas LA, Hollis BW, Heaney RP: Vitamin D2 is much less effective than vitamin D3 in humans. J Clin Endocrinol Metab 2004, 89:5387-5391.

32. Trang HM, Cole DE, Rubin LA, Pierratos A, Siu S, Vieth R: Evidence that vitamin D3 increases serum 25-hydroxyvitamin D more efficiently than does vitamin D2. Am J Clin Nutr 1998, 68:854-858.

33. Shakoor H, Feehan J, Al Dhaheri AS, Ali HI, Platat C, Ismail LC, Apostolopoulos V, Stojanovska L: Immune-boosting role of vitamins D, C, E, zinc, selenium and omega-3 fatty acids: Could they help against COVID-19? Maturitas 2021, 143:1-9.

34. Fiorino S, Gallo C, Zippi M, Sabbatani S, Manfredi R, Moretti R, Fogacci E, Maggioli C, Travasoni Loffredo F, Giampieri E, et al: Cytokine storm in aged people with CoV-2: possible role of vitamins as therapy or preventive strategy. Aging Clin Exp Res 2020, 32:2115-2131.

35. Malaguarnera L: Vitamin D3 as Potential Treatment Adjuncts for COVID-19. Nutrients 2020, 12.

36. Miles EA, Calder PC: Can Early Omega-3 Fatty Acid Exposure Reduce Risk of Childhood Allergic Disease? Nutrients 2017, 9.

37. Zingg JM: Vitamin E: A Role in Signal Transduction. Annu Rev Nutr 2015, 35:135-173.

38. Pein H, Ville A, Pace S, Temml V, Garscha U, Raasch M, Alsabil K, Viault G, Dinh CP, Guilet D, et al: Endogenous metabolites of vitamin E limit inflammation by targeting 5-lipoxygenase. Nat Commun 2018, 9:3834.

39. Fernandes de Abreu DA, Eyles D, Feron F: Vitamin D, a neuro-immunomodulator: implications for neurodegenerative and autoimmune diseases. Psychoneuroendocrinology 2009, 34 Suppl 1:S265-277.

40. Zhao Y, Sun Y, Ji HF, Shen L: Vitamin D levels in Alzheimer’s and Parkinson’s diseases: a meta-analysis. Nutrition 2013, 29:828-832.

41. Patrick RP, Ames BN: Vitamin D and the omega-3 fatty acids control serotonin synthesis and action, part 2: relevance for ADHD, bipolar disorder, schizophrenia, and impulsive behavior. Faseb j 2015, 29:2207-2222.

42. Jamilian M, Samimi M, Mirhosseini N, Afshar Ebrahimi F, Aghadavod E, Talaee R, Jafarnejad S, Hashemi Dizaji S, Asemi Z: The influences of vitamin D and omega-3 co-supplementation on clinical, metabolic and genetic parameters in women with polycystic ovary syndrome. J Affect Disord 2018, 238:32-38.

43. Tur JA, Bibiloni MM, Sureda A, Pons A: Dietary sources of omega 3 fatty acids: public health risks and benefits. Br J Nutr 2012, 107 Suppl 2:S23-52.

44. Serhan CN: Pro-resolving lipid mediators are leads for resolution physiology. Nature 2014, 510:92-101.

45. Basil MC, Levy BD: Specialized pro-resolving mediators: endogenous regulators of infection and inflammation. Nat Rev Immunol 2016, 16:51-67.

46. Fattori V, Zaninelli TH, Rasquel-Oliveira FS, Casagrande R, Verri WA, Jr.: Specialized pro-resolving lipid mediators: A new class of non-immunosuppressive and non-opioid analgesic drugs. Pharmacol Res 2020, 151:104549.

47. Belluzzi A, Scaioli E, Ricciardiello L, Marasco G, Belluzzi C: Eicosapentaenoic free fatty acid to treat patients with SARS-Cov2 infection. Med Hypotheses 2020, 143:110095.

48. Yalagala PCR, Sugasini D, Dasarathi S, Pahan K, Subbaiah PV: Dietary lysophosphatidylcholine-EPA enriches both EPA and DHA in the brain: potential treatment for depression. J Lipid Res 2019, 60:566-578.

49. Peng Z, Zhang C, Yan L, Zhang Y, Yang Z, Wang J, Song C: EPA is More Effective than DHA to Improve Depression-Like Behavior, Glia Cell Dysfunction and Hippcampal Apoptosis Signaling in a Chronic Stress-Induced Rat Model of Depression. Int J Mol Sci 2020, 21.

50. Parletta N, Niyonsenga T, Duff J: Omega-3 and Omega-6 Polyunsaturated Fatty Acid Levels and Correlations with Symptoms in Children with Attention Deficit Hyperactivity Disorder, Autistic Spectrum Disorder and Typically Developing Controls. PLoS One 2016, 11:e0156432.

Leave a Reply