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Carrito

¿Qué es el dolor neuropático y por qué se produce?

El dolor neuropático es un trastorno neurológico crónico que cursa con un dolor intenso motivado por el daño a algún nervio, bien sea por un traumatismo o lesión nerviosa, un proceso inflamatorio o alguna enfermedad del sistema nervioso central o periférico. En otras palabras, es una alteración del sistema nervioso somatosensorial que provoca sensación desagradable y/o dolorosa en diferentes partes del cuerpo.

Esta patología puede presentarse de forma muy intensa, afectando de manera notable a la calidad de vida de los que lo padecen, e incluso pudiendo llegar a ser incapacitante en algunas personas. Tan solo a nivel europeo se estima que aproximadamente 20 millones padecen algún tipo de dolor neuropático, el equivalente al 7-10% de la población europea.

 

¿Cómo se manifiesta?

El dolor neuropático se puede manifestar con numerosos síntomas y bajo múltiples formas, y en muchas ocasiones es difícil de reconocer y diagnosticar, lo que puede ocasionar que su prevalencia en la población esté infraestimada. Algunos de sus síntomas característicos son: sensación de quemazón en diferentes partes del cuerpo, calambre, entumecimiento, dolor constante en extremidades, dolor en extremidades y o al caminar etc. [1]. Pero sin duda, su manifestación más frecuente, que afecta a una gran parte de la población es la migraña.

 

La Migraña: Una Enfermedad Neurológica más común de lo que creemos

Cuando oímos hablar sobre la migraña es inevitable asociarlo al dolor de cabeza o cefalea tal y como todos lo hemos experimentado en alguna ocasión, y efectivamente este es su síntoma más característico. Sin embargo, su origen, frecuencia e intensidad pueden ser muy diferentes. Por este motivo, además, en muchas ocasiones resulta difícil de diagnosticar, y de tratar, constituyendo una enfermedad silenciosa y parcialmente desconocida para gran parte de la población.

Pero ¿Qué es la migraña y porqué se produce?

Pues bien, en primer lugar, y aunque todavía hay muchos aspectos desconocidos, la migraña se considera una enfermedad inflamatoria crónica del sistema nervioso central. Tal y como hemos comentado previamente, se produce por un dolor neuropático que afecta al nervio facial “trigémino” (ver imagen inferior), el cual bajo determinados estímulos (luz, olores intensos, sueño…) aumenta su señalización nociceptiva (responsable de la percepción del dolor) y provoca los denominados “ataques de migraña”, caracterizados por dolores fuertes y persistentes de cabeza, náuseas, vómitos etc. [2]. Además, la neuroinflamación generada provoca la ruptura de la barrera hematoencefálica, permitiendo el acceso de células del sistema inmunitario que retroalimentan esta inflamación al sintetizar citoquinas proinflamatorias y agravando el dolor neuropático [3].

Esquema de los tejidos trigeminovasculares: se muestra la disposición del nervio trigémino facial, meninges, arteria meníngea media y principales vasos craneales. Imagen extraída de [2].

 

Las personas afectadas de migraña padecen frecuentes dolores de cabeza, generalmente de gran intensidad, persistentes en el tiempo y con una frecuencia relativamente alta, hecho que compromete muchas tareas cotidianas y que puede incluso ser inhabilitar profesionalmente a quienes la sufren.

Las terapias actuales más frecuentes se basan en la administración de fármacos antiinflamatorios no esteroides (AINES) como son ibuprofeno, ácido acetilsalicílico (aspirina), paracetamol etc. bien sea de forma individual o combinados con cafeína y/o fármacos anti-hipertensivos [4]. Sin embargo, esta práctica tan solo erradica los síntomas de forma transitoria, sin abordar los mecanismos responsables de los ataques de migraña. Por otra parte, en muchas ocasiones estos fármacos no son prescritos por un especialista o neurólogo, siendo la automedicación una mala práctica muy extendida con los consiguientes efectos adversos asociados.

En este punto es lógico que nos preguntemos:

¿Qué debemos hacer si padecemos migraña?

 En primer lugar, y aunque la respuesta parezca obvia, hemos de consultar a un médico especialista o neurólogo, ya que tal y como hemos comentado previamente, su diagnóstico no es fácil. Por otra parte, y considerando el hecho de que se trata de una enfermedad inflamatoria, parece evidente que la activación de mecanismos antiinflamatorios será capaz de restituir el equilibrio a nivel neuronal. En este punto, nuestra dieta y nuestro estilo de vida son decisivos para hacer frente a esta situación.

 

Un consejo… Cuida tu alimentación… Especialmente el tipo de grasas que consumes

En relación con la dieta, un equilibrio adecuado entre las diferentes grasas que consumimos tiene un reflejo directo en el estatus pro- y anti-inflamatorio de nuestros tejidos, siendo los ácidos grasos Omega-6 y Omega-3 los principales responsables de mediar estos efectos.

Haciendo una simplificación, podríamos considerar que los ácidos grasos Omega-6, principalmente el ácido Araquidónico (AA) son responsables de generar moléculas proinflamatorias, mientras que los ácidos grasos Omega-3, especialmente los Omega-3 de cadena larga EPA (ácido eicosapentaenoico) y DHA (ácido docosahexaenoico), son responsables de generar moléculas antiinflamatorias [5]. En este sentido, el cociente Omega-6/Omega-3 de los ácidos grasos en la membrana de los eritrocitos se considera un índice directo del riesgo a padecer enfermedades inflamatorias como es la migraña.

 

 

Esquema de la síntesis de mediadores lipídicos inflamatorios y antiinflamatorios o “eicosanoides” sintetizados a partir de los ácidos grasos Omega-3 EPA y DHA (columna izquierda) y Omega-6 AA (columna derecha).  Nótese que las moléculas marcadas en verde (Leucotrieno-B5, Prostaglandina E3 y Prostaglandina E1) tienen efectos antiinflamatorios, mientras que las moléculas marcadas en color rojo, y derivadas del ácido araquidónico (Prostaglandina E2 y Leucotrieno-B4) tienen efectos antiinflamatorios. Imagen reproducida de [5].

 

Y, ¿por qué los Omega-6 contribuyen a generar inflamación y los Omega-3 la inhiben?

 

Pues bien, el papel antagónico que juegan estas dos series de ácidos grasos polinsaturados se debe a su capacidad para ser transformados enzimáticamente en lípidos bioactivos conocidos genéricamente como “oxilipinas”. Las oxilipinas son derivados oxigenados de ácidos grasos Omega-3 y Omega-6 formados por eicosanoides y, en el caso de los Omega-3, además moléculas pro-resolutivas de la inflamación o SPM (del inglés, “Speciallized Pro-resolving Molecules”), capaces de ejecutar mecanismos inductores de la inflamación [2] o bien todo lo contrario, esto es, ser capaces de atenuar la inflamación e incluso promover su resolución [6].

Las oxilipinas son producidas localmente por las células sanguíneas, endoteliales y neuronales a partir de los ácidos grasos Omega-3 EPA y DHA, de ahí la importancia de que éstos se encuentren presentes en nuestra dieta en cantidad suficiente.

Su síntesis genera una serie de mediadores lipídicos oxigenados u “oxilipinas”, capaces de actuar en las células vecinas uniéndose a receptores específicos de la superficie celular y activando diferentes mecanismos de señalización celular.

¿Y qué es lo que hacen estas moléculas? Pues aquí nos encontramos que todos los efectos promovidos por las oxilpinas convergen en la disminución de la percepción de dolor que experimentan los pacientes durante los ataques de migraña [2]. Entre los mecanismos promovidos por las oxilipinas se encuentran la disminución de la producción de citoquinas inflamatorias (con el consiguiente efecto antiinflamatorio), la disminución de la señalización por péptidos nociceptivos, responsables de generar sensación dolorosa, y la disminución de la presión sanguínea.

 

¿Hay evidencias que respalden el papel terapéutico de los Omega-3 en la migraña?

Pues sí, estamos de enhorabuena, ya que cada vez se consolida una mayor evidencia científica sobre el efecto analgésico y antiinflamatorio del EPA y DHA en los ataques de migraña.

Un estudio transversal masivo realizado publicado en 2017 realizado con 12.317 pacientes estadounidenses mayores de 20 años afectados de migraña concluyó que un mayor consumo de omega-3 se relaciona con una menor prevalencia de fuertes dolores de cabeza y migraña. El estudio cuantificó el consumo de Omega-3 de estos pacientes previamente adscritos a las encuestas nacionales de investigación en salud y nutrición realizadas entre 1999 y 2004, para lo cual se llevó un registro de los alimentos consumidos y su contenido en Omega-3 estandarizado durante los últimos 3 meses. Además, este estudio cuantificó los niveles de proteína C reactiva (PCR) en el plasma de estos pacientes (un biomarcador de inflamación sistémico), encontrándose una correlación negativa entre los niveles de PCR y la prevalencia de cefaleas [7].

Por su parte, un estudio clínico aleatorizado doble ciego llevado a cabo llevado a cabo con 182 mujeres afectadas de migraña crónica (entre 5 y 20 días al mes) y con una edad media de 38 años ha concluido que la suplementación dietética con 1,5 g/ ddía de los Omega-3 EPA y DHA durante 16 semanas es capaz de disminuir la intensidad, duración y frecuencia de dolores de cabeza de dichas pacientes. Para ello, las mujeres fueron asignadas aleatoriamente para recibir una de las 3 dietas comparadas: dieta control representativa de la población general (con cantidades diarias de EPA y DHA inferiores a 150 mg y un 7% de ácido linoleico); dieta “H3” rica en Omega-3 (con un incremento de 1,5 g de EPA y DHA al día) y dieta rica en Omega-3 y reducida en Omega-6 (igual que la dieta “H3” pero con una cantidad de ácido linoleico inferior al 1,8%).

De este estudio se concluyó que ambas dietas ricas en Omega-3 tenían efectos comparables entre sí, y notablemente mejores que la dieta control en las pacientes con migraña. Se observó una relación directa entre la mejoría sintomática de los pacientes suplementados con Omega-3 con los niveles plasmáticos de diferentes lípidos bioactivos, ya que la suplementación con EPA y DHA incrementan los niveles de lípidos antinociceptivos, responsables de inhibir la sensación de dolor neuropático, y disminuyen los niveles plasmáticos de lípidos pronociceptivos, implicados en la percepción del dolor en el nervio trigémino [2].

 

Conclusión: Un futuro prometedor para los Omega-3 en el tratamiento de la migraña

 La migraña hoy en día sigue siendo una enfermedad que afecta a gran parte de la población, y que condiciona en buena medida el ritmo de vida quienes la padecen. Aunque los tratamientos sintomáticos han avanzado notablemente en las últimas décadas, ninguno de ellos está enfocado a atajar la causa de los ataques de migraña. En este contexto, la suplementación dietética con los Omega-3 EPA y DHA está mostrando resultados muy prometedores tanto a nivel preventivo como terapéutico para frenar la neuroinflamación responsable de los intensos dolores de cabeza que caracterizan a esta enfermedad.

 

Referencias Bibliográficas:

  1. https://www.dolor.com/para-sus-pacientes/tipos-de-dolor/dolor-neuropatico
  2. Ramsdem, CE. et al. (2021): BMJ, 374: n1448
  3. Soveyd, N. et al. (2017): Iran J Neurol, 16 (4): 210-217
  4. Pascual, J. et al. (2010): Rev Neurol, 50 (12): 705-710
  5. Aquel, M. Et al. (2017): Current Pulmonology Reports, 6: 113-123
  6. Serhan, CN. et al. (2017): The FASEB Journal, 31 (4): 1273-1288
  7. Sanders, AE. et al. (2018): Prostaglandins Leukot Essent Fatty Acids, 135: 47-53

 

 

 

 

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