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Carrito

Un dato curioso…

Nuestro organismo se compone billones de células, concretamente, para una persona de 70 Kg hay del orden de 30 billones de células en su organismo. Sin embargo, aún es más sorprendente conocer el dato del número de células procariotas o bacterias que pueblan nuestro tracto intestinal, y es que se estima que existen cerca de 40 billones de bacterias en nuestro intestino [1].

A la luz de estas cifras es lógico preguntarse, ¿Cuál es la función de estos microorganismos?, y lo que es más importante ¿forman una relación simbiótica con las células de nuestro organismo?

Evidentemente no existe una única respuesta, y parece lógico que su relación vital con nosotros va a depender en gran medida de que los diferentes grupos de bacterias se encuentren en una proporción adecuada o equilibrada. Esta homeostasis saludable de nuestra microbiota intestinal es lo que se conoce como “biosis”, y en líneas generales podemos considerarlo como un bioindicador de nuestra salud intestinal.

Con respecto a la función que tienen las bacterias de nuestra microbiota intestinal, clásicamente se ha establecido que su presencia facilita los procesos digestivos, la fermentación de la fibra, ayudan a la regulación del tránsito intestinal y además nos proporcionan ciertos nutrientes esenciales como las vitaminas K y B12 [2]. Sin embargo, esto no es más que el principio, ya que cada vez hay un conocimiento más profundo de la Inter-dependencia de nuestra salud para con la de nuestros comensales intestinales. Así por ejemplo, una microbiota intestinal equilibrada y diversa es beneficiosa en la prevención de enfermedades cardiovasculares y metabólicas, es capaz de sintetizar defensivas y otras moléculas que refuerzan la actuación del sistema inmunitario, e incluso algunas bacterias son capaces de sintetizar neurotransmisores como la serotonina y/o dopamina implicados en el bienestar emocional.

Sin embargo, al hablar de su función hemos de ser muy cautos, ya que no todas las bacterias intestinales tienen una relación simbiótica con nosotros, sino que también podemos encontrar patógenos y patógenos oportunistas que pueden dañar nuestra salud. ¿Qué sucede entonces?

 

Equilibrio en el Ecosistema Microbiano Intestinal

Dado que son tantísimos los pobladores de nuestro tracto digestivo, evidentemente no podemos referirnos a los diferentes grupos de bacterias solo en términos de “buenos” y “malos”, sino más bien debemos de hablar de si existe un equilibrio o biosis entre ellos.

En este punto, y aunque la taxonomía microbiana es mucho más compleja, debemos de considerar dos principales filos de bacterias con fuerte presencia en nuestro tracto intestinal: “firmicutes” y “bacterioidetes”. El equilibrio entre estos dos grandes grupos bacterianos es fundamental en nuestra salud en múltiples aspectos, desde la absorción y metabolismo de nutrientes como glúcidos, vitaminas, ácidos grasos o compuestos bioactivos, modulación del sistema inmunológico e incluso desarrollo y maduración del sistema nervioso y neuroendocrino [2,3].

Sin embargo, nuestra biosis intestinal en las últimas décadas se ha ido deteriorando progresivamente por diversas causas asociado a nuestro estilo de vida, llegándose a hablar de un verdadero desajuste o “disbiosis intestinal” [4,5]. Entre sus causas principales cabe destacar la administración de antibióticos y/ o fármacos para tratar enfermedades crónicas, las cesáreas en el parto, y sobretodo, los cambios en nuestros hábitos alimenticios [2].

De entre todos los factores aludidos previamente, el que cobra un mayor protagonismo son los cambios nutricionales. Especialmente a destacar un consumo cada vez mayor de ácidos grasos omega-6 y un menor consumo de omega-3 en las dietas occidentales, lo que ha provocado un sobrecrecimiento de las bacterias firmicutes en paralelo a una reducción drástica de bacterioidetes [4]. La proliferación excesiva de bacterias del género firmicutes, especialmente de fecalobacterias, está asociado a una mayor prevalencia de enfermedades de carácter autoinmune, metabólicas como diabetes, síndrome metabólico, hígado graso no alcohólico [5], e incluso trastornos neuropsiquiátricos como depresión, estrés ansiedad [6,7].

Ante esta situación es normal que nos preguntemos:

¿y nosotros que podemos hacer para revertir esta situación? La clave está en el consumo regular de Omega-3 y probióticos con bifiídobacterias.

Evidentemente nuestra dieta condiciona el tipo de comensales intestinales, y éstos a su vez tienen una fuerte influencia sobre nuestro estado de salud. Ante un desequilibrio de este tipo en nuestro ecosistema microbio intestinal, hemos de tener muy presente que el consumo regular de Omega-3 de cadena larga, EPA y DHA, favorece el crecimiento de bifidobacterias, microorganismos capaces de sintetizar butirato y compuestos inmunoreguladores necesarios para paliar la inflamación. Es importante señalar que el consumo de Omega-3 se puede acompañar de la ingesta de probióticos que contengan bifiídobacterias, contribuyendo ambos factores a alcanzar la homeostasis de la flora bacteriana. Esta homeostasis favorece la producción de la película de moco protectora de la mucosa intestinal, y además propicia la producción de metabolismos inmunorreguladores y defensores frente a la colonización del tracto intestinal por bacterias patógenas o patógenos oportunistas. Todos estos efectos contribuyen a minimizar la endotoxemia derivada de la permeabilidad intestinal, ayudando a prevenir enfermedades de carácter inflamatorio [4] (figura 1).

 

Figura 1: Importancia de los Omega-3 EPA y DHA en la re-estructuración de la composición de la microbiota intestinal. La suplementación con EPA y DHA re-equilibra el cociente anormalmente alto de firmicutes/bacteroidetes, previniendo los problemas de endotoxemia y e inflamación que causan la permeabilidad intestinal y múltiples patologías inflamatorias. Imagen reproducida de [14].

Importancia del Omega-3 en el Eje Intestino-Cerebro

El hecho de considerar que nuestro estado de salud depende en buena medida de la composición de la microbiota intestinal supone un cambio de paradigma en nuestra nutrición. Y pese a tratarse de un enfoque vanguardista, es relativamente intuitivo vincular su influencia sobre ciertas enfermedades metabólicas como son la diabetes, hígado graso no alcohólico o síndrome metabólico.

Sin embargo, este vínculo se desdibuja cuando pensamos en la posible implicación que tiene sobre nuestra salud mental y neurológica.

¿Qué conexión existe entre la composición de la microbiota intestinal y nuestro estado de salud?

Sin duda esta pregunta genera más controversia, y es entendible dada la aparente desconexión física entre el tracto gastrointestinal y nuestro cerebro. Sin embargo, la biosis intestinal y nuestra salud mental y neuronal está mucho más conectada de lo que imaginamos, llegando incluso a hablarse de “Eje Intestino- Cerebro” para referirnos a la comunicación directa y recíproca del sistema inmune con el microbio intestinal. De hecho, el eje microbiota intestinal-cerebro comprende 3 vías principales: vía nerviosa, vía neuroendocrina y vía inmunológica [2].

La Disbiosis Intestinal es una de las Causas de Depresión y la Ansiedad

Resulta llamativo que nuestro estado y bienestar emocional puede depender en cierta medida de la composición de nuestra flora bacteriana, pero lo cierto es que tiene su explicación.

En primer lugar, hemos de tener presente que la mucosa intestinal está altamente enervada por neuronas del sistema nervioso autónomo (simpático y parasimpático) además del sistema entérico. Las ramas aferentes hepática y celíaca del nervio vago son capaces de detectar estímulos mecánicos como tensión o distensión abdominal, o químicos, como moléculas inflamatorias, hormonas y neurotransmisores producidos por las bacterias, y transmitir estos mensajes al cerebro. Estos estímulos se traducen en desequilibrios en la liberación de catecolaminas a nivel cerebral, siendo precisamente un déficit en la neurotransmisión dopaminérgica una de las principales causas moleculares de la depresión y ansiedad.

Además, la microbiota intestinal tiene una gran influencia sobre la generación de neurotransmisores como serotonina y Dopamina, de nuevo dos de ellos implicados en el bienestar emocional y la prevención de la depresión. En este sentido, ciertas especies bacterianas como Clostridium perfringens, es capaz de aumentar la producción de serotonina al incrementar los niveles de la enzima limitante en la ruta de síntesis. En este punto, es importante señalar que este neurotransmisor tiene un papel principal en la gestión del comportamiento socioafectivo, ansiedad y miedo, por lo que resulta fácil entender porque un déficit de este microorganismo en la microbiota intestinal se asocia con una mayor prevalencia de trastornos neuropsiquiátricos como trastorno bipolar, depresión ansiedad, trastornos del espectro autista o fobias infantiles [9].

 

…Y también del Deterioro Cognitivo y Trastornos del Espectro Autista…

Por otra parte, ciertos desajustes en la composición del microbiota intestinal se encuentran fuertemente asociados a trastornos conductuales como el autismo, el deterioro cognitivo, e incluso TDAH (trastorno de atención e hiperactividad).

Esto se debe a que algunas especies bacterianas intestinales son capaces de modular la expresión del factor neurotrófico derivado de cerebro, BDNF, un factor de crecimiento esencial para el establecimiento de contactos sinápticos [10]. Por esta razón, el BDNF es fundamental en la prevención del deterioro cognitivo y los trastornos del espectro autista, habiéndose descrito que la administración de bifiídobacterias como Lactobacillus plantarum, a pacientes adultos con deterioro cognitivo, es eficaz para incrementar los niveles de BDNF y revertir los problemas cognitivos [11].

La Disbiosis Intestinal Desregula la Secreción Neuroendocrina y Propicia el Estrés

De nuevo en centro de la diana, el desajuste entre poblaciones microbianas intestinales y el incremento de la permeabilidad intestinal subyacen a alteraciones en la secreción neuroendocrina. Concretamente, un exceso de fecalobacterias y un defecto de bifiídobacterias pueden ocasionar en última instancia altos niveles de cortisol, siendo esta la principal hormona de la respuesta del estrés. Esto se debe a que dicho desajuste microbiano conduce a la sobreproducción de citoquinas proinflamatorias y glucocorticoides, siendo ambos tipos de moléculas capaces de sobrestimular el eje hipotálamo-hipófisis-glándula adrenal provocando una liberación masiva de cortisol [12].

¿Cómo Contribuye el Omega-3 a Devolver el Equilibrio a este Microecosistema Bacteriano?

Cada vez más estudios concluyen que la suplementación con ácidos grasos Omega-3 DHA y EPA son eficaces para combatir las causas del estrés, ansiedad, depresión, TDAH autismo modulando también la composición del microbiota intestinal. Esto se debe a que DHA y EPA estimulan la división de bifidobacterias productoras de ácidos grasos de cadena corta SCFA (por sus siglas en inglés, Short Chain Fatty Acids). Los ácidos grasos de cadena corta, como el butirato, son capaces de frenar la expresión de citoquinas proinflamatorias, y además pueden mitigar el estrés oxidativo que tiene lugar durante las fases inflamatorias. Este efecto contribuye a cortocircuitar la vía de retroalimentación inflamatoria que conduce a la hipersecreción del cortisol, y por lo tanto al estrés [2,13, 14].

Además, la suplementación con EPA y DHA contribuyen a frenar la inflamación acaecida en la mucosa intestinal, permitiendo la regeneración de la barrera epitelial y la capa de mucus protectora. Este efecto disminuye el paso de toxinas y moléculas proinflamatorias al torrente sanguíneo, minimizando así la neuroinflamación y neurodegeneración [6,14]. A este respecto, es importante destacar que enfermedades como la depresión y/o diferentes demencias seniles tienen un fuerte componente neuroinflamatorio que socavan la gravedad de la enfermedad. Por esta razón, una suplementación con EPA y DHA de alta concentración es una estrategia eficaz para combatir este tipo de enfermedades, ya sea tanto directamente por los efectos beneficios del Omega-3 a nivel cerebral y cognitivo, como debido a su capacidad para devolver la biosis a nuestra microbiota intestinal (figura 2).

Figura 2: Regulación bidireccional de los ácidos grasos Omega-3 con el equilibrio de la microbiota intestinal. Los Omega-3 EPA y DHA favorecen la reestructuración de la composición de la microbiota intestinal, fomentando un ciclo de retroalimentación positiva que conduce a una disminución de la inflamación y una mejor neurotransmisión. Imagen reproducida de [2].

Simbiosis Omega-3 Microbiota Intestinal y Salud Mental

Llegados a este punto, podemos concluir que existe una regulación bidireccional entre el consumo de ácidos grasos Omega-3 y el equilibrio de nuestro microbiota intestinal. Los ácidos grasos EPA y DHA estimulan el crecimiento de bifidobacterias productoras de ácidos grasos de cadena corta, contribuyendo a restablecer el equilibrio microbiológico a nivel intestinal. Por su parte, este tipo de bacterias, en cooperación con los Omega-3, disminuyen la producción de mediadores inflamatorios, disminuyendo así la endotoxemia y previniendo la aparición de patologías de carácter inflamatorio, neuroendocrino, y neurodegenerativo [14].

Por su parte, un microbiota intestinal más diversa contribuye a proporcionar niveles adecuados de neurotransmisores como serotonina o Dopamina, fuertemente implicados en la conducta emocional, e incluso factores de crecimiento como BDNF, vitales para prevenir patologías del espectro autista, TDAH y deterioro cognitivo asociado a la edad avanzada [2].

Microbiota intestinal

Figura 3: Diagrama resumen de los efectos antiinflamatorio y antienvejecimiento de los Omega-3 EPA y DHA sobre diferentes patologías vasculares, cerebrales y metabólicas. Los efectos beneficiosos del Omega-3 se deben tanto a su acción directa en los diferentes órganos y sistemas, como debido a su capacidad para re-equilibrar la composición de la microbiota intestinal.

Podemos concluir:

Una suplementación dietética con Omega-3 EPA y DHA, junto con probióticos ayudando a restablecer la homeostasis de la microbiota intestinal constituyen una sinergia natural para lograr un simbiosis en la salud de nuestro tracto gastrointestinal y cerebral (figura 3).

 

Referencias Bibliográficas:

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